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En
diversas instituciones de Salvador rige un sistema educativo en
el cual no nos reconocemos: se da una remuneración al niño
a cambio de su participación en diversas actividades (frecuentar
la escuela o regar la huerta), con la disculpa de no perjudicarlo.
De hecho si él estuviera en la calle, gracias a las limosnas
o a otras actividades, ganaría un poco de dinero, por eso
no es justo ocupar su "tiempo precioso" en actividades
sin fines lucrativos (culturales, artísticas, terapéuticas
y profesionalizantes). También dicen que la remuneración
los motiva, para que se empeñen con seriedad, para satisfacerlo
y para conseguir que no huya de la entidad.
El
asunto del método no es tan irrelevante.... Veamos si el
dinero es la mejor motivación:
Pagar al educando por sus
servicios o por la frecuencia con que participan en las actividades,
no es una verdadera invitación a la participación:
es la compra de su frecuencia para usarla en la realización
del proyecto. Porque no se podría organizar tantas actividades
que justifiquen la necesidad del proyecto, sin tener después
a nadie que las frecuente. Antes que nada es necesario providenciar
una clientela fiel. Es asi que se llenan listas infinitas de nombres,
para captar recursos financieros y para garantizar un elevado
número de empleados, un óptimo salario y un empleo
fijo.
Interesar
al niño por el lado más débil (pues él
haría cualquier cosa por dinero) es manipulación
y cobardía, es ejercer el poder aprovechándose de
su inmaduridad e ingenuidad, manteniéndolo sumiso y, muchas
veces, en la misma o en una peor situación de dependencia
de la que vive en la calle. Probablemente el niño usará
ese dinero para comprar drogas.
· Una institución
filantrópica de ayuda a los niños y adolescentes
necesitados, no puede reducirse a una agencia de empleos o a una
industria, reservando el primer lugar al problema del autosustentamiento
y/o de profesionalizar al menor, que sería la última
etapa del recorrido, que debe abarcar un amplio horizonte: la
formación integral de la persona, partiendo de las bases.
Muchos de estos niños tienen que aprender desde muy jóvenes
una profesión y comenzar a trabajar para ganarse la vida,
con la disculpa de su reinserción en la sociedad, son obligados,
antes de tiempo, a vivir solos y a arreglarse como puedan. Para
"invitarlos a salir", basta alquilarles un cuarto en
una pensión o darles una pequeña casa. Este es "el
segundo abandono", ya no por parte de la familia sino de
la institución. Para algunos, este es el golpe final...
De aquí en más no nos podríamos asombrar
si su vida tomase un rumbo equivocado o terminase en tragedia.
Diferente de los otros niños de la misma edad, muchos de
los "institucionalizados" no tienen el derecho de vivir
una infancia y una adolescencia normales, dedicándose a
los amigos, al estudio, a algún hobby, al ocio o al deporte.
· El dinero no puede
ser presentado como elemento principal. o por lo menos, no es
de ahí que se parte para educar un menor, ni para darle
un verdadero significado a su vida. Todo el mundo sabe darle dinero
a los niños, hasta los traficantes, no precisam entonces
ser educados para eso. El educador es quien hace despertar en
el niño la convicción de que, más allá
de las necesidades inmediatas, existen otras, aquellas fundamentales,
que requieren y merecen ser llevadas en consideración con
la mayor seriedad para garantizar una vida estable.
· No se puede partir
del principio de que el niño no entiende ciertas cosas
o que sería tiempo perdido explicarle los motivos por los
cuales vale la pena adherir a un centro educacional, prescindiendo
del lucro inmediato. Una propuesta es educativa si es transparente
e inequívoca, si sabe tocar el corazón del niño,
al punto de que él se adhiera por haber descubierto en
esa adhesión un bien mayor que el financiero. De otra forma
se trata de una simple propuesta, con fines lucrativos o de una
manipulación camuflada de filantropía, que es más
grave que la explotación explícita.
· Para garantizar
al niño un crecimiento integral y harmonioso es necesario
que aprenda a compartir la vida con los otros, respetando con
paciencia los tiempos de madurecimiento. Pero también es
necesario renunciar a "la gallina" hoy para comerse
los huevos mañana. ¡Muchos niños entienden
eso y adhieren!. Por eso la vida que proponemos está hecha
de servicio, de generosidad, de gratuidad y de compartir alegrías
y sufrimientos. Queremos ofrecerles una vida llena de afecto,
de estima por sí mismos y por los otros, en la esperanza
de poder crear un futuro mejor. La convivencia cotidiana con ellos
es nuestra pedagogía.
Es
triste constatar como los niños están asimilando
la mentalidad del oportunismo, del consumismo y del provecho del
convivio con los marginalizados y marginales, en la calle, y también
frecuentando instituciones que, infelizmente, no les ofrecen una
educación alternativa. Entre los niños que ya frecuentaron
esos ambientes, dificilmente existe alguno que esté dispuesto
a preguntarse si ese es el camino verdadero, que esté dispuesto
a enfrentar la fatiga que conlleva el cambio de sí y de
la propia vida, difícilmente encontraremos alguno que persiva
la responsabilidad fundamental que tienen con la propia vida.
Esos niños están exclusivamente ocupados en ganar
dinero, como si todo en la vida dependiese de eso.
Como
ejemplo de este modelo educacional particularmente difuso, voy
a contar un caso que aconteció hace algunos meses: Llegó
a nuestra puerta un grupo de adolescentes pertenecientes a una
institución que queda del otro lado de la ciudad, preguntando:
¿Cuánto gana un niño aquí?. Evidentemente
volvieron por donde vinieron, encontrando muy raro la insólita
moneda
que ofrecemos.
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